
Este texto ha sido el ganador del concurso DIPC de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2019.
Baja el sol en el Pacífico, marcando en el océano su marcha con un trazo cada vez más débil, más fino, más rojo. Y se hace de noche en la isla. Solo una luz tenue, que se derrama desde el interior de una casa de madera resguardada bajo los árboles, deja entrever una mujer que fríe buñuelos de uhang en la cocina. Estos buñuelos de camarones son su plato preferido para los días especiales, y hoy lo es. La tranquilidad de esta hora mágica del atardecer, sin apenas ruidos salvo el oleaje y el crepitar del aceite en las cocinas, solo se ve truncada por una bandada de zorros voladores, que se desprenden de los árboles en busca de frutas que comer. ¡Fanihi, fanihi!, gritan los niños. El escándalo de unos y otros cesa de nuevo según la nube negra se va alejando. Frente a la cocina, unos pocos de estos murciélagos cuelgan aún de las ramas de los árboles, que se chocan en un baile sin final.
Esta noche, sin embargo, es diferente. Esta noche, un equipo de investigadores estadounidenses ha llegado a la tierra de los chamorros. No les asombra lo patente que es la influencia de su país, pues las Marianas no dejan de ser territorio no incorporado de Estados Unidos. Los restos de su pasado como colonia española, desde la cocina al lenguaje, sí les resultan más sorprendentes. Y pese a todo, allí en medio del Pacífico, los chamorros han conseguido permanecer fieles a su cultura y sus raíces indígenas en la isla de Guam.
No es esta la primera expedición que desembarca en la isla. Desde hace décadas, Guam cautiva a los investigadores. Los que vienen no son ecólogos ni antropólogos, como rumoreaban los locales cuando llegaron los primeros: estos estudian el cerebro, y son los indígenas quienes les intrigan.
Las enfermedades neurodegenerativas, que ellos estudian al otro lado del océano, suponen la muerte paulatina de neuronas en una u otra parte del cerebro. Algunas de estas enfermedades son muy comunes; es el caso del alzhéimer, que destruye circuitos cruciales para la formación y el almacenamiento de la memoria en una de cada tres personas. Otras, por suerte, son mucho menos frecuentes; la degeneración de las neuronas motoras es un buen ejemplo. Estas neuronas son la correa de transmisión que conecta el centro del sistema nervioso con los músculos. Al morir, sus órdenes se ahogan y los movimientos musculares se ven impedidos, lo cual suele llevar a debilidad muscular, calambres y espasmos.
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Excelente artículo de divulgación. Es novedoso para mí que se les pueda llamar tanto zorros como murciélagos. Al fin y al cabo son ambos mamíferos. Y supongo que no solo a mí el comerlos resulte truculento. Gracias.
PD: La emérita RAE no registra «Cicade», cuestión que me lleva a un cierto estado de malestar hispano parlante, ya que tengo que buscarlo en un diccionario italiano que sí lo registra. O tal vez hay un diccionario científico que desconozco?
Brillante, interesante y riguroso artículo. Muy bien escrito. Me ha encantado